El segundo lote del año ya cruzó la frontera. Veintiséis figuras del crimen organizado, enviadas por el Gobierno de Claudia Sheinbaum a Estados Unidos, dibujan con precisión quirúrgica las prioridades de la Administración Trump: asfixiar al Cártel de Sinaloa, señalado como el gran proveedor de fentanilo en la epidemia que mata a decenas de miles de estadounidenses cada año.
Once de los extraditados son piezas clave de Los Chapitos y La Mayiza, facciones que se disputan la herencia de Joaquín El Chapo Guzmán. En el tablero también aparecen nombres del Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Zetas, La Familia y los Arellano Félix. Washington, en un gesto de “garantía” diplomática, prometió no aplicar la pena de muerte, pero sí buscar cadenas perpetuas. El operativo coincide con una orden firmada por Trump que permite al Ejército estadounidense actuar contra el narco fuera de su territorio, encendiendo alarmas sobre la soberanía mexicana.
La lista arranca con Kevin Alonso Gil, El 200, y Martín Zazueta Pérez, jefes de la guardia personal de Iván Archivaldo Guzmán. Armados con rifles de asalto y lanzagranadas, protegían laboratorios y rutas de fentanilo. Les siguen Mauro Alberto Núñez Ojeda, piloto de Iván Archivaldo; Hernán Domingo Ojeda López, El Mero Mero, identificado como tío de Ovidio Guzmán; y Juan Carlos Félix Gastélum, yerno de Ismael El Mayo Zambada, señalado por operar laboratorios de metanfetamina en la Sierra Madre.
Entre las figuras que delatan el quiebre interno del Cártel, está Jesús Guzmán Castro, Chuy o Narizón, líder de La Mayiza. El pacto entre Los Chapitos y El Mayo se rompió con la entrega de éste último a Washington, y la guerra interna ha dejado un reguero de muertos y desaparecidos en Sinaloa.
El listado también incluye a Leobardo García Corrales, traficante de fentanilo y armas de alto poder; Luis Raúl Castro Valenzuela, acusado de secuestro y tráfico de heroína; y el búlgaro Anton Petrov Kulkin, bioquímico de la red de El Chapo. Desde Sonora llegó José Baldomero Fernández Beltrán, herido por un explosivo; desde Tijuana, David Fernando Vásquez Bejarano, El Acelerado, cabecilla de Los Rusos.
Fuera de la órbita de Sinaloa, sobresale Abigael González Valencia, El Cuini, brazo derecho de El Mencho; Servando Gómez, La Tuta; y tres mandos de Los Zetas: El Mostachón, El Cachetes y José Francisco Mendoza Gómez. La lista se cierra con nombres que, sin gran peso criminal, tienen valor simbólico para Estados Unidos, como Roberto Salazar Toledo, acusado del asesinato de un ayudante del alguacil de Los Ángeles en 2008.
Veintiséis rostros que cruzan esposados al norte, pero cuya historia —y sus alianzas rotas— siguen dejando cadáveres en el sur.
